
La luna
El planeta tenía una luna.
Tan solo una,
y tu luna y mi luna
no eran la misma luna.
La sospecha
de que tú y yo no podíamos coincidir,
contrarios a la farola
que alumbra el cielo en la noche.
Tan contrarios que podíamos
pasar como nubarrones de tempestad,
fugaces, sin mirarnos.
Contábamos con el destino
y el silencio…
que habían propuesto no dejar
que estuviéramos bajo el mismo cielo.
No contábamos
con la luna,
que no era mía,
que no era tuya.